Casa sostenible de madera y piedra junto al hayedo de Montejo.

Implantación: pertenecer al paisaje

La vivienda se sitúa en el límite del núcleo urbano, allí donde el pueblo comienza a diluirse y el paisaje recupera su profundidad. Muy cerca, el Hayedo de Montejo impone su presencia silenciosa y marca el ritmo estacional del entorno. Construir aquí exigía una actitud de escucha.

La normativa local —propia de los llamados pueblos negros— obliga al uso de piedra en fachada. Lejos de entenderlo como una restricción formal, el proyecto asume esta condición como un gesto de arraigo. La piedra no es un revestimiento impostado, sino una piel coherente con la tradición constructiva del lugar, reinterpretada desde una mirada contemporánea.

La implantación busca una integración serena: respetar la escala doméstica del pueblo, la proporción de los huecos, la inclinación de la cubierta, la relación entre lleno y vacío. La casa no pretende destacar, sino pertenecer. Se posa con naturalidad, como si siempre hubiera estado allí, dialogando con el paisaje en lugar de imponerse sobre él.

Estructura y materia: honestidad constructiva

El sistema constructivo es claro y legible. Dos muros de carga longitudinales, ejecutados en piedra, estructuran la vivienda y definen su espina dorsal. Entre ellos se extiende una estructura sencilla de madera que cubre de muro a muro, generando un sistema eficiente, racional y de fácil lectura.

La combinación de piedra y madera no responde únicamente a una cuestión estética. La piedra aporta inercia térmica, masa y estabilidad; la madera introduce ligereza, calidez y un comportamiento higrotérmico saludable. Masa y ligereza. Permanencia y flexibilidad. Tradición y contemporaneidad.

En el interior, los materiales se muestran sin artificio. No hay capas superpuestas ni acabados innecesarios. La construcción es la arquitectura. Esta honestidad material genera una atmósfera serena, donde la textura y la luz adquieren protagonismo. La casa respira coherencia porque cada elemento cumple una función estructural y ambiental al mismo tiempo.

La sostenibilidad no se incorpora como un gesto tecnológico añadido, sino como consecuencia directa de decisiones lógicas: compacidad volumétrica, materiales de proximidad, sistemas constructivos eficientes y una envolvente diseñada para optimizar el comportamiento térmico del conjunto.

Vida cotidiana y paisaje: habitar con sentido

Pensada para una familia joven con dos niños pequeños, la vivienda se organiza a partir de un programa contenido y esencial. Cada metro cuadrado responde a una forma concreta de habitar: espacios compartidos amplios y luminosos en planta baja, zonas más recogidas y silenciosas para el descanso.

Los huecos se disponen con precisión. No son aperturas indiscriminadas, sino marcos que seleccionan el paisaje.

La relación entre dentro y fuera no se basa en la espectacularidad, sino en la medida. La casa acompaña los ritmos diarios: el juego de los niños, la cocina compartida, el trabajo en casa, el recogimiento al final del día. El entorno se convierte en telón de fondo constante, recordando que habitar también es estar en relación con el lugar.

En definitiva, esta vivienda no busca imponerse ni llamar la atención. Aspira a algo más complejo y más silencioso: construir un refugio contemporáneo, profundamente arraigado al territorio, capaz de envejecer con dignidad y de sostener la vida cotidiana desde la coherencia, la materia y la luz.

Sabemos que este es un gran paso para ti y que supone una importante inversión de material, tiempo y energía.

Por eso, nuestro compromiso es hacernos cargo de tu proyecto, desde el primer momento hasta que lo empieces a vivir, como si fuera el nuestro.

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